Por Pablo Pini, um novo - porém grande - amigo argentino.
Por millones de años vivimos sumergidos en la inmensidad de variedades de seres que poblaban la tierra. No nos diferenciábamos mucho de nuestros hermanos los monos, no sabíamos quienes éramos... pero en algún momento algo ocurrió, algo cambió todo para siempre, algo liberó el poder de la imaginación... APRENDIMOS A HABLAR...
Desde entonces cambiamos nuestros pareceres, el mundo podía enseñarse, tu experiencia podía complementar la mía, tus ojos podían ver y transmitir lo que los míos no veían, y nuestra mente podía estar donde nuestros cuerpos no podían.
Y así nos juntamos, formamos nuestras tribus, comenzamos a compartir, comenzamos a entender, aumentamos nuestras experiencias y enseñanzas, nos protegimos,... el habla nos hizo sentir seguros, y con la seguridad vino el orgullo, la arrogancia y la incomprensión… llego el momento de atacar...
Atacamos lo que no entendíamos, porque precisamente no podíamos HABLAR con ellos. Atacamos la no respuesta, y pronto atacamos a las respuestas que no comprendíamos. Dividimos nuestras tribus, nos separamos… separamos nuestras lenguas, ya nunca HABLARIAMOS con los distantes, los que se fueron o echamos, nunca más entenderíamos a los que volveríamos a ver... les hicimos la guerra, les quemamos sus tierras, violamos a sus mujeres, matamos a sus niños, impusimos nuestras ideas y leyes, creamos nuestros imperios… los destruimos, invadimos y nos invadieron… seguimos sin entendernos...
Alguien se interesó en la lengua de los otros, quiso entender, quiso aprender, quiso crecer, y hubo esperanza de un mundo mejor... ahora los imperios cooperaban, se repartían el mundo, se entendían... y nuevamente se traicionaban, porque guardaban algunas palabras para si, nació el secreto... lo oculto, lo que no podés saber de mi porque me vuelve débil o pone al descubierto mi falsa fortaleza... y todo volvió a lo mismo. El desencuentro, la desconfianza, la constante división....
Entendamos porque llegamos a esto... NUNCA NOS HABLAMOS... y la falta de diálogo es lo que nos separa y no nos deja crecer. Porque desperdiciamos ese don, el del habla, desperdiciado en secretos, traiciones... repetimos la historia todos los días de nuestras vidas.
Hablamos, nos la pasamos hablando y no nos decimos nada.
Puedo imaginar el momento en que rompamos ese silencio... todas las cosas que podríamos decirnos y nuestros corazones no se negarían a escuchar, porque nos daríamos cuenta que estamos todos del mismo maldito lado y las murallas que una vez construimos finalmente se desvanecerían.
De todos los poderes, el HABLA es el más poderoso y abandonado de todos... ojalá al leer esto hayas sentido que HABLASTE conmigo... y no todo estará perdido.
Pablo Pini, Buenos Aires, Argentina



